Programa Excellence - Senara

PROGRAMA EXCELLENCE

PARA ALUMNAS DE 4ºESO Y BACHILLERATO

El pasado 9 de marzo las alumnas del Programa Excellence hicieron la presentación de sus trabajos en la Universidad de Navarra de Madrid. ¡Enhorabuena a nuestra alumnas por sus excelentes trabajos!.

“Raíces y alas. Pero que las alas arraiguen y las raíces vuelen”. Este aforismo de Juan Ramón Jiménez conjuga en hipálage dos aspectos vertebrales en la vida de una persona. Necesitamos los horizontes para llegar lejos, amplitud de miras para descubrir aquello que nunca imaginamos. No nos basta con andar o correr, necesitamos volar, surcar el horizonte, y desde arriba, contemplar la gran belleza del mundo.

Y todos sueñan con volar, con tener alas. No obstante, las alas requieren raíces. Las raíces nos sitúan, no nos atan, sino que nos dan firmeza en la búsqueda. Si no queremos que nos lleve el viento, necesitamos la hondura de las raíces. Y las raíces, a su vez, necesitan tierra firme.

La búsqueda de la verdad nos brinda esa tierra que, abierta al horizonte, sin agarrarnos, nos da la soltura de la firmeza. Y la verdad no se improvisa, no se encuentra por causalidad, sino que reside en la excelencia. Y es que la palabra excelencia, areté, la utilizaba Aristóteles para referirse a virtud, porque la excelencia no es algo que viene de suyo, no hay personas más excelentes y menos excelentes por naturaleza, sino que la excelencia requiere tiempo y trabajo dedicado.

Buscar la verdad es una tarea ardua, comporta estudio, investigación, avanzar y retroceder. Quien tiene esa inquietud por conocer la realidad que lo rodea, por realmente entender los problemas y no solo en rellenar exámenes y obtener una titulación, sabe que la labor que le espera es pesada y requiere esfuerzo, que tiene que leer (¡y mucho!), formarse, salir de sí mismo para entender aquello que antes le era desconocido.

En ese sentido, se podría decir que la excelencia es el don cultivado. Y ahora, más que nunca, en la era de lo vertiginoso, de lo rápido y lo fácil, en tiempos del “aprende inglés en dos semanas”, ahora, más que nunca es preciso aprender la lentitud del cultivo.

Y eso es precisamente lo que el Programa Excellence trata de inculcar. Se puede estudiar el día de antes y aprobar, e incluso, sacar buena nota, pero para aprender de verdad se necesita tiempo de reflexión. El Programa Excellence en Senara tiene dos grandes ejes, las alas y las raíces; abrir horizontes y asentar conocimientos.

Se vuela con las alas de la cultura, con la inquietud profesional, con los talentos puestos al servicio de la sociedad. Ahora bien, en esta sociedad líquida, los horizontes se fundamentan en las raíces de la investigación, de dar con preguntas que abren puertas, y de caminar con la metodología hasta una respuesta consistente, que lejos de cerrar la cuestión, abre nuevas líneas de investigación.

También, las raíces se asientan sobre el diálogo, ya que quien busca la verdad aprende a escuchar a los otros, sabe someter sus conocimientos ante un tribunal con el objetivo de fundamentar más sólidamente la respuesta, pero sobre todo, sabe escuchar y aceptar las aportaciones críticas de los demás como impulso en su indagación.

Y esta fusión de alas y raíces lo consigue el Programa Excellence a través de la imbricación de la institución de la Universidad (y los valores que esta conlleva) ya en los estudios de Bachillerato. Es en este hábitat universitario donde el bachillerato refulge más, donde se desarrolla todo su potencial.

El sociólogo Gilles Lipovetsky acuñó apenas hace un año el concepto de “sociedad de lo ligero”. Se busca lo ligero, lo que no pesa, la soltura. Ahora bien, la verdadera soltura está llena de entereza, de rigor. Y eso es justamente lo que se pretende en el Programa Excellence, que las alumnas adquieran la ligereza de las aves, que planean su vuelo y no la de las plumas que subsisten a merced del viento.

Excellence es investigación, estudio, experiencia, esfuerzo, universidad. En otras palabras, cultura hecha vida. Y para eso es preciso sembrar y abonar el terreno con la lentitud del cultivo, que no ve sus frutos hasta después de un largo tiempo de cuidado, ya que, como decía Gabriela Mistral, “para dar, hay que tener mucho”.

Por ALMUDENA MOLINA. Antigua Alumna, profesora de Senara y coordinadora del Programa Excellence de Bachillerato.